DEATH IN FIRE

El sábado pasado demostré, en el concierto que Amon Amarth ofreció en el Pabellón Cuervo, que mi canción preferida de los nórdicos es Death In Fire. No hubo otra rola en la que gritara con más fuerza, con berridos nacidos de lo más profundo de mis entrañas, con adrenalina bañando la última fibra de mi ser; no hubo otra rola en la que nunca dejara de saltar o de agitar los brazos, desgañitándome con las estrofas.

No es que sea la canción más rápida (véase Asator, Destroyer of the Universe), con los mejores riffs (véase Twilight of the thunder god, Varyags of Miklaagard, Raise Your Horns, Valhall Awaits me, y un muy largo etcétera) o la mejor letra (Sound of eight hooves, Fate of norns, We shall destroy, Embrace of the endless ocean, The Dragon’s flight across the waves, Runes to my memory…)

Death in Fire es especial por algo más. Fue la primera canción de Amon Amarth que escuché y la que hizo que me volviera fan de la banda. Eso de entrada ya la hace sobresalir de las demás, pero lo verdaderamente definitivo acerca de esta canción es el sentimiento que me embargó, cinco años atrás, el corear, rodeado de desconocidos, la respuesta a la llamada de Johan durante el concierto que dieron en el Circo Volador.

Contestar El Llamado, expulsar ese grito, el que hace que los dioses en persona lo escuchen, es algo que inflama, hace correr adrenalina en cada una de nuestras venas, provoca que el corazón de un hombre se desboque. Pocas canciones tienen tanto poder como Death In Fire.

Por eso, antes de que Johan terminara de gritar “Death!”, yo ya estaba contestando:

IN FIRE!!!

El Cisne Negro, de Nassim Nicholas Taleb

Este libro es un rara avis. Quizá estoy forzando un poco la metáfora, pero realmente El Cisne Negro es un ejemplar extraño. El autor danza entre lo literario y lo técnico de una manera muy fluida, orgánica. Entrelaza las historias que relata con citas de reconocidos economistas y filósofos, para rematar añadiendo datos de naturaleza más técnica, como fórmulas matemáticas y referencias al GFI (Gran Fraude Intelectual), es decir, a la campana de Gauss. Pero, ¿de qué va este libro?

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Acceptance

Time flows
Nobody knows
The years go by
Where we go
Alone from here?

Night falls
Strange colored walls
My eyes deceive
What is wrong
With me?

Deep in the night you think everything’s right
Tell it to yourself
Say it’s just a nightmare

Something is telling you
Nothing can change where you are
Again

Why it should matter
Your dreams of a child
Innocence is gone
Only fear to play with

Faces are changing
But nothing is changing the pain
Too late

Two steps I take getting closer
And closer

And one more breath I take
Sends me further back

Over and over it calls to your soul
Say it isn’t so
Emptiness surrounds you

No one can help
If the angels refuse to come here
Who’s there?

Cold faded photos
They lay by your side
Something in my room
Nevermind blue reason

Visions are lying and reasons just live to survive
This time

The cold (The cold)
The light (The light)
The fear (The fear)
Returning

It’s not (It’s not)
The eyes (The eyes)
You feel (You feel)
That’s chilling you.

Acceptance, del Soundtrack de Silent Hill Shattered Memories

Una de las razones por las que la saga de videojuegos Silent Hill ha sido elevada a clásico es su música. El compositor Akira Yamaoka ha sido el genio responsable detrás de los OST de los títulos más representativos de la saga. En esta ocasión, compuso la banda sonora para Silent Hill: Shattered Memories.

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Intrascendencia

Las lágrimas se acumulan en la rendija de los párpados. El humeante líquido escoce ojos y nariz, de la cual gotea la flema, al verse desbordada su capacidad. El estornudo no se hace esperar, acompañado de más lágrimas, escozor, mucosidad. Los pañuelos se acumulan en la mesilla e invariablemente un pensamiento nos aborda. Recordamos claramente cómo era sentirse sano, hasta hace un par de días. El bienestar es intrascendente.

Un buen día el médico nos dice que no más dulces: tenemos diabetes. Sufrimos una caída y ya no más basquetbol. Descubrimos la verdad sobre los Reyes Magos. Muere un familiar. Nos roban el auto. Los puntos de inflexión son numerosos y por lo regular traen aparejada la sensación de que nuestra vida solía ser mejor antes. La reflexión de que no aprovechamos el tiempo pasado, cuando nos sentíamos bien, y que ahora ya nos resulta imposible disfrutar de la misma manera. Se ha dicho que dios y el diablo están en los detalles. Ambas aseveraciones están equivocadas.

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Colisión

El estruendo rompió la calma nocturna en la avenida principal. En pocos segundos el enorme trailer recorrió el centenar de metros que lo separaban de la intersección, donde había una fila de autos esperando el cambio de semáforo. Los conductores no tuvieron tiempo de reaccionar frente a la inminente embestida. El resultado fue desolador. Peatones corriendo en círculos, personas malheridas intentando escapar del amasijo de fierros en que se habían convertido sus autos, o prensadas entre dos automóviles, añadían a la confusión mecánica gritos orgánicos de terror. Y el trailer seguía avanzando. Como espectral segadora, avanzó por encima de las horrorizadas personas que intentaban escapar y se alejó a toda velocidad dejando tras de sí un reguero de sangre, vísceras, extremidades. Entonces llegó el segundo trailer. Como si hubiera sido ensayado, el vehículo se fue contra las personas que habían quedado heridas en el pavimento y quienes se habían apresurado a auxiliarlas. Con saña, el conductor del coloso impactó los restos de varios automóviles y de sus ocupantes, mientras hacía sonar la bocina ininterrumpidamente. En este punto reaccionamos y desde el sexto piso del edificio telefoneamos el número de emergencia. Reportamos la desgracia y nos aseguraron que una patrulla estaba en camino. Nunca llegó.

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