Mascarada, de Terry Pratchett

Los aquelarres requieren un mínimo de tres brujas. Todo el mundo lo sabe. Tata Ogg y Yaya Ceravieja, brujas de Lancre, también lo saben y es por eso que se encuentran tan contrariadas al descubrir que solamente son dos. Para tener un aquelarre como es debido deberán encontrar a una tercera bruja. Así que se marchan a Ankh-Morpork, ciudad a la que ha huido… ejem… a la que ha viajado Agnes Nitt en busca de una mejor vida1. Una vez en la metrópoli, las dos ancianas se encuentran con que hay un famoso Fantasma sembrando cadáveres en la Ópera, algo de muy mal gusto. Parece que el aburrimiento de Yaya Ceravieja ha llegado a su fin.

Ya tenía algún tiempo que no leía un libro de Terry. Hay pocos libros del Mundodisco que no he leído todavía y Mascarada era uno de ellos, hasta el pasado jueves. Como la reconfortante sensación que se produce cuando te reencuentras con un amigo al que no has visto hace tiempo, así fue leer este libro.

Los libros del Mundodisco tienen la particularidad de producirme un estado de euforia lectora, aun en mis malos momentos como lector: aquellos en los que deseo estar leyendo algo, pero que por alguna razón simplemente no puedo ponerme a ello. Me sucedió con El Segador y de nuevo con Mascarada. Ambos libros los leí en momentos en que me encontraba más bien sin ganas y ambos me produjeron el mismo efecto: una vez empecé con ellos no pude parar hasta acabarlos.

La saga de las brujas, a la que pertenece esta novela, está caracterizada por un elemento común: la cabezología. La manera en que entiendo este término es como una filosofía de vida que consiste en sentido común, mucho trabajo duro y hacer lo que es necesario hacer en el momento en que es requerido. En eso consiste la magia que hacen las brujas. Como resultado de esto los libros que tienen como protagonista al Aquelarre de Lancre tienen una profundidad filosófica comparable con los libros de la saga de la Muerte, de la que difieren sobre todo por la manera de enfocar la realidad. Lo que no quiere decir que sean incompatibles, en realidad muchas veces tratan los mismos temas. En general los libros del Mundodisco contienen en sí mismos diversos aristas que dependiendo del lector ofrecerán una u otra experiencia.

De Mascarada pueden hacerse varias lecturas. Entre los numerosos temas que toca están la industria editorial y la del espectáculo, el hastío de la propia existencia, la incompetencia policial, la ópera, los problemas socioeconómicos y el que considero es su leitmotiv: las múltiples personalidades que adoptamos de acuerdo con las circunstancias y que forman parte de nuestro ser.

Ya sea como parte del disfraz utilizado en una ópera o como un objeto invisible y que subyace bajo nuestra piel, las máscaras son la analogía empleada por Pratchett en este libro para plantear preguntas sobre quiénes somos en realidad y por qué nos comportamos como lo hacemos. La respuesta a las interrogantes que nos encontramos a lo largo del libro son muy personales: no hay respuestas estandarizadas ni rápidas. Puede ser que uno no se encuentre a gusto consigo mismo y que necesite colocarse una máscara para modificar su personalidad… o que el origen del descontento sea aquella máscara que resulta imposible retirar. Incluso puede suceder que las máscaras nos ayuden a corregir ciertas actitudes de nosotros mismos que nos molestan. Al final todo depende de cada persona.

En Mascarada se plantean estas posibilidades, de manera muy sutil. Pratchett destaca por su sutileza al tratar temas complicados. Plantea las cosas y las deja ahí: listas para que el lector haga con ellas lo que quiera. Es algo que me gusta mucho de su literatura: el respeto que tiene hacia el lector. Confía en él para construir juntos una historia apasionante y divertida, a la vez que rebosante de significado.

Otra de las cosas que me han gustado de Mascarada, como del resto de novelas del Mundodisco, es el talento descriptivo del autor, que se pone de manifiesto en cada párrafo. Es tarea ociosa e imposible ponerse a recolectar todas las frases ingeniosas y divertidas que uno encuentra en las novelas del Mundodisco. Esto se debe a que Pratchett no explica las cosas: se limita a mostrarlas (lo que en muchos sentidos es una forma de respeto al lector) y lo hace de una manera que resulta en no pocas ocasiones poética. Como ejemplo está este fragmento, en el que se describe a una mujer:

La persona que había al otro lado era una mujer joven. Muy obviamente una mujer joven. No había forma posible que nadie la confundiera con un hombre joven en ningún idioma, especialmente en braille.

Y este otro, en el que se describe a otra mujer:

Se detuvo. Por lo menos, la mayor parte de Agnes se detuvo. Había un buen montón de Agnes. Las regiones más periféricas tardaron un poco en quedar en reposo.

Ambos pasajes, me parece, ilustran una manera fabulosa de describir, frente al clásico derroche de adjetivos huecos. Sin necesidad de describir literalmente a estos personajes, el narrador logra que nos hagamos una muy buena imagen mental de ellas. Qué seco resulta describir a una mujer como “atractiva” y a otra como “gorda” u “obesa”, frente al estilo pratchettiano que no solamente es más vigoroso, sino que además resulta incluso divertido. Y así durante el resto del libro.

Ya me hacía falta leer algo de Pratchett. Y si ustedes no lo han hecho, no sé qué esperan.


Notas al pie

1. Es decir que la intención de Agnes al viajar a la ciudad era encontrar una mejor vida viva. Es algo que hay que aclarar, ya que Ankh-Morpork es famosa por dotar, sobre todo entre sus callejones, de una mejor vida a sus ciudadanos y visitantes por medio de un puñal bien colocado por manos habilidosas.

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