Ábrase en caso de que me muera

La muerte es una idea que hice propia desde que tengo uso de razón. Me aterra. Como ateo que soy, creo en que esto es todo. No hay un más allá. Cuando uno se muere, es como si uno nunca hubiera existido. Es un pensamiento horrible.

No temo a la muerte en sí misma, como suceso. Temo al vacío. A esa pérdida definitiva de la consciencia que supone la muerte, de la que diariamente degustamos un poco mientras dormimos. Dormir es el entrenamiento para reconciliarnos con la idea del insondable vacío.

Hay ocasiones en las que de la nada me golpea la inexorable certeza de que voy a morir. Es entonces cuando mi imaginación hace un esfuerzo sobrehumano para tratar de dar sentido a… la nada. Frente a lo inefable, queda la impotencia. Y el terror. El ser humano es incapaz de concebir la nada, no digamos ya de describirla. A decir verdad, es ridículo intentarlo. Epicuro dijo:

La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.

Epicuro de Samos

Parafraseando: la muerte, que no es otra cosa que la nada, es incompatible con el ser —con el yo, conmigo—; por tanto, no es posible concebirla. Lo concebible está delimitado por nuestra experiencia previa y, me temo, la muerte —la propia, aclaro, porque la ajena nos es muy familiar— nunca formará parte de lo cognoscible.

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Reflexiones desde el encierro

Durante 2017 trabajé en una empresa que tenía proyectado un ambicioso plan. La estructura, los deadline, las metas, los objetivos; todo estaba perfectamente definido, medido y reportado. El destino: 2020.

A inicios de 2018 dejé de trabajar en dicha empresa y a finales del mismo año encontré trabajo en otra. Aunque ambas empresas tenían poco en común (giro del negocio, país de origen, cultura empresarial, entre otras cosas más), compartían una meta: 2020.

Planes, proyectos, esquemas, diagramas de flujo. Todo para hacer de 2020 un año de éxitos, de lanzamiento de productos, de nuevas alianzas, adquisiciones, métricas.

Llegó 2020.

Y el año —o, mejor dicho, la vida— se encargó de demostrarnos una vez más la validez de aquel famoso dicho que reza:

El hombre propone y Dios dispone

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Lo que he aprendido en estos años de escritura

Quizás el título de esta entrada suene pretencioso. En mi defensa diré que titular textos es el equivalente narrativo de nombrar variables en programación: es algo necesario, terriblemente difícil y para lo cual no soy bueno.

Entonces: no estoy diciendo que sea bueno escribiendo, solamente que llevo ya un tiempo haciéndolo. Así de simple.

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El Quiróptero Amanuense cumple dos años

Hace dos años que publiqué la primera entrada de este blog. A decir verdad estoy un poco sorprendido de que este pequeño proyecto personal siga vivo después de veinticuatro meses. Supongo que dicho desconcierto en parte se debe a que este no es el primer blog que tengo y a que sus antecesores terminaron abandonados invariablemente. Sea como sea he de decir que me siento feliz, tener un sitio propio al que recurrir cuando lo necesito o cuando deseo decir algo me causa una dicha que no soy capaz de plasmar en palabras.

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El Quiróptero regresa: qué hay de nuevo

Y bueno, por fin se acabó febrero (qué descaro, ya es muy entrado marzo) y heme aquí otra vez, dispuesto a escribir pendejadas con tal de entretenerme un rato y de paso aburrirlos.

¿Y qué ha pasado este mes y cacho? ¡Uf! ¡Qué no ha pasado!

Tan vago es decir que ha pasado de todo como decir que no ha pasado nada en absoluto y, como vago que soy, eso es precisamente lo que diré: ha pasado todo y ha pasado nada.

Por parte del todo: hice limpieza exhaustiva (de esas que recomiendan los psicólogos) y me deshice de media casa. Ahora tengo una gripe de puta madre, pues me he quitado el techo.

Qué va, estoy bien de salud y ahora puedo ver las estrellas al dormir.

Sigo trabajando, jugando al lobito y conociendo personas. Vamos, las cosas que me gusta hacer. En un par de ocasiones he tenido esos sueños que a uno no le gustan (no hay únicamente pesadillas, chavales), pero ya casi no me pierdo con eso estando despierto.

¡Ah! Me hice un canal experimental en Telegram (en un futuro hablaré de Telegram, para aquellos que viven bajo una piedra) y me parece que ya ha pasado la parte de experimento, así que les dejo aquí el enlace por si quieren verlo. En resumen: un canal es un medio de difusión en Telegram y en mi caso lo utilizo para hablar un poco de todo.

¿Y cuál es la diferencia del canal con este blog? Que el blog está currado, trabajado, pensado (sí, claro). El canal no, en él publico lo que me viene a la mente, sin corregir, sin repasar. Pequeños fragmentos de cualquier cosa que me esté rondando la mollera.

Y qué más. ¡Ah, sí! He estado comprando libros a lo bestia, yendo al cine como nunca (me he visto bastantes películas últimamente), caminando la ciudad como me gusta y muchas otras cosas que no viene al caso comentar aquí.

Por parte de la nada: las ratas me siguen acosando a donde voy, pero eso ya lo sabían. Últimamente ya no he consumido YouTube como solía hacerlo, en realidad casi no he usado la computadora para cuestiones personales (en el trabajo debo usarla todo el tiempo, por supuesto). Creo que esto en parte se debe a que sin redes sociales no tengo ningún aliciente para usar la pc.

Pero vamos, que me voy por las ramas. Esto es para anunciar que pues no me he muerto todavía y que tengo intenciones de seguir jodiendo un rato más por aquí. Por ahí tengo un par de cuentos que quizá publique aquí mismo, no lo sé todavía.

Ah, mañana es el aniversario luctuoso de Terry Pratchett.

#SpeakHisName

#GNUTerryPratchett