El secreto del fuego, de Henning Mankell

Distingo dos literaturas de Henning Mankell: la novela negra y la literatura de denuncia —a falta de un término más apropiado. Ahora me asalta una pregunta: ¿es la novela negra una manifestación de la literatura de denuncia? No lo sé. Lo que sí es claro es que, aunque sean ambas denunciantes, no son la misma cosa; no en el caso de Mankell, por lo menos.

El secreto del fuego es un ejemplo de la literatura de denuncia de Henning Mankell. Nos habla de África, específicamente de Mozambique, y de la historia de una pequeña niña que se ve enfrentada demasiado pronto en la vida a la crudeza de la realidad. El mundo comete grandes injusticias, está lleno de males innecesarios y mi responsabilidad es reaccionar, decía Mankell. Fruto de esa convicción escribió libros que nos hablan de esas injusticias, particularmente las que tienen lugar en África, continente que Mankell tenía siempre en el corazón y en el que vivía durante la mitad del año.

Una de esas historias es la de Sofia.

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Moriré, pero mi memoria sobrevivirá, de Henning Mankell

Moriré, pero mi memoria sobrevivirá es, sin duda, el libro más crítico de una sociedad indolente que he leído de Henning Mankell. El escritor sueco era un feroz denunciante de lo que él llamaba “males innecesarios“. Sostenía que la gran mayoría de los problemas a los que se enfrenta la humanidad: pobreza, analfabetismo, hambre, etcétera; son innecesarios, evitables, que la única razón por la que no han sido erradicados es simple y llanamente porque no hemos querido.

Mankell vuelca esa convicción en el ensayo que ahora reseño. El activismo de Mankell se hace patente en sus novelas, de las que he leído varias ya, y era evidente para cualquiera que conociera su vida cotidiana: pasaba la mitad del año en África, dirigiendo un teatro local y conviviendo de cerca con las personas y las carencias, temores y dificultades a las que se veían expuestas todos los días. Sin embargo, creo que es este texto el que más agudo resulta al criticar los males innecesarios y al denunciar la parsimonia y falta de interés de un mundo a quien no interesan los menos afortunados.

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El gato al que le gustaba la lluvia, de Henning Mankell

A Lukas le regalan un gatito negro —con la punta de la cola blanca— por su cumpleaños número seis. Pronto se encariña con el felino y aprende a convivir con él, a servirle comida en su platito cuando tiene hambre, a reconocer los lugares donde acostumbra esconderse. El diálogo interno de Lukas da cuenta del amor que el niño comienza a sentir por su nueva mascota, con quien duerme cara a cara. “Te tengo a ti”, dice Lukas a su gatito.

Un día, el gatito desaparece.

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Henning Mankell: Mi responsabilidad es reaccionar

El Louisiana Museum of Modern Art, en Dinamarca, tiene un canal de YouTube llamado Louisiana Channel, en el que se publican videos sobre arte, literatura, diseño y arquitectura. Entre las numerosas entrevistas que hay en el canal hay una a Henning Mankell titulada: Henning Mankell Interview: My Responsibilty is to React. Me parece una entrevista estupenda, no dura mucho, pero nos da mucha información sobre la forma de ser del autor sueco. Como no tenía subtítulos en español (tampoco los tiene en inglés) un día de ocio me puse a traducir el video. Envié mi contribución hace como mes y medio, pero el Louisiana Channel no me respondió, ni los aprobó. Así que busqué su página de Facebook y les envié un mensaje, me respondieron muy pronto y aprobaron los subtítulos.

No es precisamente la mejor traducción, no soy traductor profesional, es una pequeña contribución para que más personas puedan acercarse a las palabras de Mankell. Ojalá sirva para que más personas hablantes de español se interesen por la obra de este autor.

Los perros de Riga y el aniversario luctuoso de Henning Mankell

Hace alrededor de diez años fui a visitar a un sobrino primo hermano que en aquel entonces vivía en Ixtapaluca. Estábamos platicando cuando se acercó a su librero y extrajo dos libros: Comedias, de Shakespeare y Los perros de Riga, de Henning Mankell.

—Toma, te los regalo. El de Shakespeare lo leí por la escuela, no creo leerlo otra vez. El otro está bueno, es policiaco.

Así fue como, sin proponérmelo, me hice con la primera novela negra que leería en mi vida. En ese momento desconocía la existencia del género, la referencia más cercana que tenía era por supuesto Sherlock Holmes y por ello asumí que Los perros de Riga era una novela más bien de aventuras, con mucho misterio y sesudas demostraciones de lógica, erudición y deducción entre sus páginas. Me puse a leerlo casi de inmediato.

¡Qué fastidio!

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